Un balcón con vista a cualquier parte,
un inocente cuchillo
guardado en el cajón de la cocina,
una placida almohada de plumas,
una avenida por donde pasan
carros a gran velocidad y
buses de vez en cuando.
O también
el fuego de la estufa,
el amplio ventanal de un cuarto piso,
esa corbata verde que cuelga al fondo
del armario, una vacía botella de cerveza,
una medicina con fecha de vencimiento
caducada.
Es suficiente un minimo desajuste
un mal dia, la noticia de una enfermedad
terminal, un adios definitivo, unas cuentas
imposibles de pagar,
para que todo lo que nos rodea
cambie de signo y nos señale
su parte oscura, nos muestre su atracción peligrosa,
para que veamos el revés de un ángel,
en su caída, para que a nuestro alrededor
todo se convierta en una invitacion al extermino.
Unas tijeras, un par de cordones,
un interruptor, un cilindro de gas,
una bolsa plástica del supermercado,
un martillo.
La lista es interminable
para los ojos suicidas
